"...Es un hombre desgraciado que oculta profundas penas en el corazón, pero cuyos labios están hechos de tal suerte que los gemidos y los gritos, al exhalarse, suenan como una hermosa música".
"Qué agradable es que existan palabras y sonidos: ¿palabras y sonidos no son acaso arcos iris y puentes ilusorios tendidos entre lo eternamente separado?"
"...Es un hombre desgraciado que oculta profundas penas en el corazón, pero cuyos labios están hechos de tal suerte que los gemidos y los gritos, al exhalarse, suenan como una hermosa música".
No se trataba de un decir “ah, esto es así, no queda otra”, no, era cosa de los pies, de las manos y la cabeza que no paraba de dar vueltas de un lado a otro sin intenciones de negarse pues no había precepto moral que le dijera – al oído – que dicho acto fuera malo, no, todo era porque sí, pues, era así ¿o no? Había entrado a ser sin conciencia ¿pero, cómo recuerdo esto? Da igual, no hay que olvidar que el cuerpo también tiene hojas en su piel y más de un lápiz entra en movimiento mientras experimentamos en la vida…
Con miramientos colmados de un vacío sobre el abstracto yo que trataba de posarse en sí mismo (¿cómo? ¿espejos a esta hora?) me hacía presente donde en otras ocasiones – las más – sólo podía estar ausente (sin negar mi permanencia física en este mundo – aún estaba vivo). Así es, de sabor agridulce se hacía notar esta manifestación de la conciencia propiamente humana (“la humana”) que pretendía asomarse otro día más aterrando al animal que alguna vez se deprimió y ahora puede hablar. Las plantas se vuelven hacia abajo cuando no han conocido mucho al sol (algunas son muy tímidas), tal vez han dejado escrito algo en la tierra, quién sabe, al menos nosotros no, nunca hemos hablado en “plantense”.
Pero este intento de la naturaleza humana de opacar este sentimiento de reencuentro con lo natural (la naturaleza humana siempre tiende a ser anti-natural) fue fallido, no por más de un día ¡pero falló! Y falló porque no podía ser (no era una posibilidad), ya lo dije, el aire era respirable, podía ir hacia allá si lo deseaba o saltar en medio de un tumulto de gente pareciendo un voluptuoso ridículo perdido entre las miradas ajenas. Mas mis actos eran un baile, una confirmación de mi ser en este mundo.
De esta forma señalo mi parecer ante la innata vanidad humana: tú, serpiente “cascabélica” de frecuencias sedantes, amiga de la incertidumbre, del porqué y del saber hablado, del lenguaje que “nos hace grandes ante el reino vegetal y animal”, del ser poseedores de las medidas de las cosas, tú, reposa en mí, aquí perteneces, pero no trates de tambalear de un lado a otro tus artefactos complacientes y conquistadores, no soy tu presa, mas un aliado puedes ser mientras te mantengas en tu lugar y no pretendas – con tus sentidos ilusorios – guiar mis pasos, que sólo ellos mismos, cruzando abismos y pantanos, paisajes encantadores y mares que abren senderos en medio su agitado contexto, harán lo que deban hacer ¡qué así sea!